Como en todo cuento fantástico siempre debe empezar con un "Erase una vez..." Así que:
Erase una vez, en una tierra lejana, ubicada atrás en el tiempo donde aún existían los caballeros, las cortes y sus castillos, vivían un rey y una reina que acababan de tener a su primer hijo, un varón. El rey no cabía de felicidad.
- Será un grán gobernante - decía, mientras la reina aun agotada lloraba de felicidad. -Su nombre será "Ivanhoe". Los días, meses y años fueron pasando y el pequeño Ivanhoe iba creciendo. Su risa inundaba los rincones donde habitaba. Solía esconderse y dejar que su padre lo buscara. La reina también se divertía jugando con él.
Un día, mientras Ivanhoe iba por el vestíbulo del castillo, su padre lo llamo.
- Ivanhoe, necesito que vengas un momento -dijo el rey.
- Si padre -contestó él.
- Hijo mio, con tan solo 6 años ya puedes hablar y entender bien, pero aun eres pequeño para protegerte por ti mismo. Por ese motivo - continuó hablando el rey mientras hacía un ademán con la mano para que alguien entrara al lugar - he de presentarte al hijo del jefe encargado de la seguridad del castillo. Tiene 2 años más que tú pero ha sido entrenado en combate y se encargará de hoy en adelante de tu protección.
Por la puerta que daba hacia afuera del vestíbulo entró un pequeño joven. Contaba con solo 8 años y ya los músculos de su cuerpo estan tonificados, resultado del entrenamiento que habia llevado. Tenía el cabello oscuro y corto. Sus ojos aunque serios, expresaban una gran determinación. Llevaba una ropa un poco sucia pero eso no opacaba la belleza del pequeño joven.
- Mi nombre es "John" y desde este momento estoy a su servicio, principe - habló con un tono serio, incandose para hacer una reverencia.
- Mucho gusto John, soy Ivanhoe -respondió él con una sonrisa que demostraba alegria y ternura.
John levantó la cara y al verlo se sonrojó un poco y de inmediato bajo la cara. En su mente él se hacía una promesa: daría su vida por Ivanhoe si fuera necesario.
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