30 may 2010

Capitulo II

Desde el momento que John se hizo la promesa de porteger a Ivanhoe porcuró estar siempre a su lado, y éste encontró en John un gran amigo, llegandolo a considerar su hermano. Ivanhoe era un pequeño con gran energía. Siempre gustaba de salir del castillo y más cuando las reuniones de su padre con los jefes de las aldeas comenzaban. Él aun no entendía de aquello, era todavía pequeño para lidiar con esas situaciones.
Ese día Ivanhoe salió a caminar por la parte trasera del castillo.
- Principe, debemos volver -decía John que seguía a Ivanhoe. -No debemos alejarnos mucho.
- Solo... solo dejame ir hasta aquella colina.
Ivanhoe siempre la había querido subir, quería ver que había detrás pero siempre tenía miedo de ir solo. Ahora con la llegada de John no encontraba excusa para ir. Ambos caminaron, John atrás de Ivanhoe, cuidandolo. Al llegar a la colina Ivanhoe la subió y al estar en la cima contemplo aquel paisaje.
- Wow!! Que maravilla -dijo sorprendido. Era la primera vez que veía un pasije como ese y era de verdad esplendido. - John, tienes que subir, mira que bonito es!.
John también la subio y al igual que Ivanhoe quedo maravillado con el paisaje.
- Sorprendente, no creí que hubiera algo así.
Lo que ambos veían era un pequeño prado que se extendia al pie de la colina. Estaba cubierto de flores de todos los colores posibles y le seguía un pequeño lago. Mas alla del lago se extendia el bosque.
- Sabes John? -dijo de repente Ivanhoe - Me gustaría vivir alla afuera.
- Pero que dice, principe -contestó sorprendido John.
- Uhmm... ya sabes que no me gusta que me llames 'principe', soy Ivanhoe ¿De acuerdo?
- ... Sí, princ... Ivanhoe. -Al decir aquel nombre, John bajó la mirada y se sonrojó un poco.
- Pero es verdad lo que te digo, me gustaría vivir afuera, sin reglas y todo esto. Algún día cuando esté grande lo haré y seré feliz. -decía Ivanhoe mientras su cara mostraba una sonrisa de felicidad.
- Y yo -dijo John - te acompañaré siempre.
Un viento que provenía en dirección del bosque empezó a correr. Pasó a través de los dos pequeños jovenes y trajó con él la brisa del lago y la fragancia de las flores. Ivanhoe cerró sus ojos y respiro aquel aroma. Y John solo lo miraba.

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